Si algún artículo te gusta, no dudes en pinchar sobre +1

viernes, marzo 05, 2010

Acantilados de papel 285: Última noche de amor, primera noche de guerra


FICHA:
ÚLTIMA NOCHE DE AMOR, PRIMERA NOCHE DE GUERRA
de Camil Petrescu
Edita: Editorial Gadir
ISBN: 978-84-96974-14-2
391 páginas. 23,50 euros.
Página del libro.
Traducción: Joaquín Garrigós.


COMENTARIO de Fulgencio Martínez
La novela Última noche de amor, primera noche de guerra es mi lectura del año 2009. Editada por Gadir y traducida al castellano por Joaquín Garrigós, director del Instituto Cervantes en Bucarest, se distribuyó en España en 2009. Su difusión ha conseguido afianzar en nuestro país el conocimiento de la obra de uno de los más grandes escritores centroeuropeos, Camil Petrescu (Bucarest, 1894-1957); del cual la misma editorial madrileña había ya adelantado otra novela, El lecho de Procusto, en 2007, traducida también por Joaquín Garrigós.


Ultima noche de amor, primera noche de guerra se publicó originalmente en 1930 y está considerado un clásico de aquella gran literatura europea de entreguerras, que dió los mejores frutos literarios del siglo XX, desde Proust a Ernst Jünger o Joseph Roth - por citar sólo tres nombres de referencia.

Invitar al lector a compartir ese disfrute es el propósito de mi comentario. La lectura quizá nos ayude a olvidar lo malo de este 2009.

Pero, la novela de Petrescu se inscribe, también, en otra tradición literaria: la novela psicológica, de análisis de las pasiones, grandezas y debilidades humanas (en la obra, el amor y los celos del protagonista, el joven soldado y estudiante de Filosofía Gheorghidiu). El lector de la novela de Petrescu vuelve a gozar con la penetración de Tolstoy, Dostoievsky, Stendhal, Flaubert, los grandes maestros del XIX. Y, por si esto fuera poco, además la novela trata sobre la “gran sociedad”, el gran mundo de una capital rumana, Bucarest, la llamada París del Este, en la estela de la novelística de Marcel Proust.

Todos esos ingredientes y sugerencias conforman el marco de la novela, tanto literario como histórico. Pero, el lector atento observa, desde los primeros capítulos, una temática más honda que conmueve la obra. La inquietud metafísica se agarra al meollo de la novela y proyecta esta obra a la dimensión de los grandes clásicos.

La novela, construida sobre el conflicto de identidad del protagonista y la necesidad de confianza en el otro (sea la amada, o el país), indaga en aquella inquietud existencial. Plantea, desde el fracaso, la decepción y el tono, mezcla de objetivo y paródico, que literariamente adopta el narrador (que es también el protagonista), la posibilidad del propio héroe. Y, en este sentido, hace a sus lectores retornar a la origen de la novela como género moderno derivado de la antigua épica al “mundanizar” y subjetivizar a los grandes arquetipos heroicos, enfrentados en la novela moderna a un ambiente y a una cotidianidad psicológica (en términos filosóficos-existenciales, a su “Dasein” o ser-ahí; a su circunstancia, usando el término castizo del español Ortega y Gasset).

Los héroes de la novela moderna (desde Werther de Goethe) salen malparados en aquel enfrentamiento con el mundo ambiente y la normalidad.

Lo genial, sin embargo, en cada clásico, es cómo se produce y qué consecuencias tiene tal derrumbamiento.

En la novela de Petrescu nos asomamos a un doble discurso del mundo enfrentado al Yo del protagonista: por un lado el mundo de la guerra (y por asociación, el mundo político, militar, económico de la Rumanía de ese período; que es presentado con un ácido humor crítico por el relato del protagonista); y por otro lado, el mundo personal (de su relación con una joven estudiante, luego, devenida esposa frívola, o que así se lo parece a nuestro celoso protagonista), mundo personal que incluye, a través de las relaciones sociales y familiares de la pareja, ese otro gran mundo de las novelas de Proust en versión rumana.

Pues, el protagonista al poner en marcha su inquietud y ver derrumbada, poco a poco, su confianza en el mundo personal desvela, a la vez, la inconsistencia del otro mundo exterior, el de su país.

El recurso genial del autor Petrescu a la inclusión, en la historia que narra, de los dos mundos del protagonista, resalta la crítica a la levedad, la suficiencia ridícula, la estupidez y el falso vivir en las apariencias tanto de su país y de la buena sociedad que representa aquel momento, como, con calado filosófico, del ser humano.

Si, por un lado, pues, la novela es una novela de crítica social, por otro, es una novela metafísica... como lo es, en el fondo, toda gran obra, con la cual los lectores podemos seguir conversando siempre - como lo hacen la joven pareja protagonista, en charla de cama amistosa-, haciéndole las preguntas de siempre:

“- ¿Qué demonios quieren todos esos filósofos?”, pregunta la bella mujer del protagonista.

Que tú los ames” (p. 75).

-”Dime lo que sepas... ¿Qué has querido decir hoy al hablar de inquietud metafísica?

-... Sentir que el mundo no tiene límites, que somos tan pequeños, que la belleza tiene manchas y es pasajera, que la justicia no se puede realizar, que no podemos saber nunca la verdad. Y, por ese motivo, estar tristes, amar las flores y sonreír cuando vemos a personas como Nae Gheordhidiu (tío del protagonista, que representa el mundo político y la mediocridad), que no se plantean estas cuestiones y ajustan las cuentas entre ellos”. (p. 76).

El lector puede ya decidir si le merece la pena asomarse a esta obra, cuya lectura se hace fácil y sabrosa también por la traducción de Joaquín Garrigós, dueño de un castellano sabio que utiliza, en la traducción, el vocablo de matiz más pertinente a la historia. Véase el final de la obra, donde el personaje, decepcionado al fin, tras divorciarse de su mujer, se despide, a través de ella, del mundo de intereses económicos que le rodeaba, a él, rico heredero, que sólo buscó amor y confianza.

Le escribí diciéndole que le dejaba todo lo que había en casa, desde los objetos de precio (un mal traductor hubiera dicho el tópico: objetos de valor) hasta los libros... Desde las cosas personales a los recuerdos, Es decir, todo el pasado”) (p. 389)

No hay comentarios: