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sábado, noviembre 06, 2010

Acantilados de papel 321 : Cicatrices


FICHA:
CICATRICES
de Claudio Cerdán
Edita: Equipo Sirius
Madrid, abril 2010
Género: novela
Encuadernación: Rústica
ISBN: 978-84-92893-10-2
343 páginas.
Página del autor.
Página del libro.
Ilustraciones de: Francisco Pacheco Bengoechea


COMENTARIO de Francisco Javier Illán Vivas.
Esta novela que nos ocupa se supone que es la continuación de “El dios de los mutilados”, del yeclano Claudio Cerdán, pero más bien es la no continuación, de una trilogía que parece lleva camino de ser una no trilogía, porque el joven autor se ha empeñado en reírse de todo aquello que le gusta, o mirarlo desde un punto de vista irónico, con la frescura que da la edad que está disfrutando.

Creo que tras esta entrada no es preciso señalar que no es necesario haber leído la primera entrega de la saga, aunque tampoco es un impedimento haberlo hecho. Claudio nos irá dejando retazos, a lo largo de la narración, para que recordemos qué ocurrió en aquellas primeras entregas, y lo hace de tal forma que “la puesta al día” no se nos atragante.

Nos volveremos a encontrar con el paladín del dios Catarsis, Manco; con Estigma y con Macáligan, lo que hace de esta novela tres historias paralelas que, sin saberlo los propios personajes, están más próximas de lo que ellos creerían.

Permitidme una breve copia del texto, y me voy al principio: “El rastro era nítido. Las pisadas de jabalí se apreciaban claras sobre el lecho de hojarasca y barro que cubría el Bosque de las Brumas. La cazadora avanzó unos pasos y encontró un enorme montón de heces. Aproximó la mano llena de roña a los excrementos hasta que sintió calor. Su presa estaba cerca...”, como se ve, un principio típico de cualquier novela, incluso de una de fantasía. Pero, un par de páginas después, te encuentras con un personaje que, antes de desmayarse, exclama: “¡E=mc2!”, y claro, puede que te encuentres exclamando aquello tan de moda de “wow”.

Más o menos ese es el tono que encontraremos en la aventura, contada por el Urogallo, ante el temor de ser devorado vivo. Y, como Claudio Cerdán ama el cine, veremos muchos pasajes como si el guión de una de sus películas fuera. O como una novela negra, que también es objeto de su devoción.

2 comentarios:

Rudy Spillman dijo...

No he leído el libro y te confieso Paco, que no es de mis temas preferidos. Pero te puedo asegurar que como comentarista logras con singular éxito "meter las ganas" al lector potencial, que irá en busca del volumen convencido de que pasará un rato ameno de lectura.
Un abrazo, amigo.

Francisco Javier Illán Vivas dijo...

Gracias, Rudy.
Abrazos.