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jueves, enero 13, 2011

Lo que no puede durar en la política cultural en Murcia


La noticia ha corrido como la pólvora llenando de estupor a las personas interesadas por la vida cultural en la región murciana. Un periódico valenciano publicaba estos días que la banda inglesa de rock Suede, cabeza de cartel del festival SOS 4.8. de este año cobraba por su hora y media de actuación en Murcia 400.000 €. Pero en una situación como ésta, con los graves recortes de todo tipo de actuaciones públicas, tanto en cultura como en bienestar social o en los salarios y derechos de los legítimamente cabreados trabajadores públicos, ¿es aceptable este tipo de acciones?

Porque el SOS 4.8. es, contra la situación más general del resto de grandes festivales musicales españoles, un festival sostenido en lo esencial con recursos públicos: este año las cifras oficiales aportadas por el consejero Cruz en el debate presupuestario cifran en al menos 1.200.000 € la cantidad de dinero público regional dedicado a este festival. Para hacerlo posible se ocuparon en la Consejería de formalizar -a inusitada velocidad- los correspondientes contratos con la empresa que lo desarrolla justo los días previos a la entrada en vigor de la famosa Ley de Medidas Extraordinarias para la Sostenibilidad de las Finanzas Públicas.

Era imprescindible esa celeridad ya que la citada ley establece claramente la imposibilidad de financiar este tipo de actuaciones para 2011, tanto en su Exposición de Motivos como en su artículo 45 donde específicamente se dice que “ninguna de las entidades integrantes del sector público regional podrá organizar ni contratar la organización de grandes eventos que pretendan la proyección de la imagen de la región”, entendiendo por tales aquellos que superen, de forma aislada o acumulada un cuantía superior a 300.000€. Pero a la vista está que aquí reza el viejo y cínico refrán de “hecha la ley, hecha la trampa”.

Quizás este “gran evento”, una vez acabada la bienal de arte contemporáneo Manifesta 8 que ha terminado por ser considerada un fiasco por su más que dudosa rentabilidad cultural, sea el canto del cisne de una manera de hacer política cultural que ya no puede seguir: ni por razones económicas ni por razones políticas. Ni hay dinero para continuar con este derroche de recursos propio del síndrome de nuevorriquismo en el que hemos vivido estos años, ni podría soportarse el nivel de crítica que esta política ha levantado en la sociedad, tanto entre las gentes de izquierdas como entre los mismísimos conservadores, y aún entre los que no se consideran ni una cosa ni la otra. No en vano Pedro Alberto Cruz se ha convertido en el icono (im)popular de una época superada que todos preferimos olvidar.

Porque díganme ustedes que reacción podemos esperar ante esta revelación de un gasto tan desproporcionado por parte de quienes, sólo en el ámbito de la gestión cultural, van a ver como desaparece la mayor parte de la oferta pública de la que hemos disfrutado estos años: festivales que dejarán de hacerse o verán reducido drásticamente su presupuesto, desaparición de las ayudas a bandas, coros, escuelas de música; a los cine clubs, a los títeres y al teatro; a las empresas audiovisuales, a los galeristas, etc.; sin Feria del Libro ni premios literarios; con los museos bajo mínimos y sin dinero para programar actividades; el Cehiform cerrado, como la filmoteca regional; sin dinero apenas para bibliotecas o patrimonio histórico, ,etc., etc., en una situación de precariedad para la cultura sostenida con fondos públicos que no habíamos conocido nunca desde que existe la Comunidad Autónoma.

No, hay cosas que no pueden durar ya más en la política cultural regional, sencillamente porque los ciudadano no lo van a permitir por más tiempo. El SOS 4.8 puede, finalmente, resultarle este año al Consejero mucho más caro de lo que él haya podido creer.

Patricio Hernández
Presidente del Foro Ciudadano

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