viernes, octubre 28, 2011

Acantilados de papel, 379: El pájaro diamante

FICHA:
EL PÁJARO DIAMANTE
de Rocío Álvarez Albizuri
Edita: Ediciones Vitruvio
Madrid, 2011
Género: Poesía
Encuadernación: Rústica
ISBN: 978-84-15233-10-7
Página del libro.
Prólogo de: Javier Rodríguez Marcos


COMENTARIO de Francisco Javier Illán Vivas.
“Hoy volaré durmiendo o dormiré volando./ Soy un pájaro diamante// Pájaro de agua y de colores,/ de cristal y de madera.// Cielo emplumado.// Yo, brillo en el agua de los ríos y del mar./ Yo soy, el Pájaro Diamante.// Soy ese instante en que se desborda todo y la gota final que lo provoca./” así comienza el segundo poemario de Rocío Álvarez Albizuri, dedicado a sus padres y que se abre con una cita de Alejandra Pizarnik que viene muy al punto de lo que nos encontraremos al pasar la página: “Yo no sé de pájaros/ no conozco la historia del fuego./ Pero creo que mi soledad debería tener alas”, y alas desea tener una autora que tiene “dolor de ganas”, como nos confiesa en El elefante blanco de seis patas.
Treinta y ocho poemas, algunos extensos, otros breves como un suspiro, en este poemario de una autora que he conocido gracias a ese gourmet de la poesía que es Pablo Méndez, quien personalmente me lo recomendó leer, por que, como dice el prologuista, Javier Rodríguez Marcos, es el “testimonio de una superviviente”.
¿Una superviviente? Me pregunté tras leerlo, curiosa apreciación, no exenta de verdad, aunque se trate de una joven autora que se está abriendo camino en el mundo de las letras, y en el de la poesía, tan exigente, como apunta JJ Armas Marcelo: o se es buen o gran poeta, o se es mal o pésimo poeta .
La autora mezcla su experiencia, que nos la cuenta tal como la vive, posiblemente en la noche de la víspera de un día importante, o como dice el autor del prólogo, donde “siempre sea sábado y, casi siempre, de noche”, y, ya se sabe, la noche nos trae la magia, lo irracional, lo que está por debajo de la realidad, escondido en sus sombras, y esas sombras, ella las maneja como si fuese la dueña de las brumas para dotar a sus versos de ficticios contornos.
Tal vez ese “dolor de ganas” sea más una parábola que un sentimiento real, pero sólo ella tiene la respuesta.

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