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martes, noviembre 22, 2011

La Feria del libro de Miami, ¿pasada de moda?

La edición de la Feria Internacional del Libro de Miami de este año 2011 excluyó la presentación de libros autopublicados, aquellos en los que el autor paga la publicación. Al menos eso notificó por escrito a dos autores que publicaron con Alexandria Library, sin preguntar siquiera si sus libros eran autopublicados (uno de ellos no lo era). Resultó más fácil vetar a la editorial sin haber anunciado previamente esa política en la convocatoria. No juzgaron a los libros por el contenido, sino por la editorial.
Curiosamente, los dos libros rechazados por la Feria de Miami habían sido aceptados previamente por la Feria de Guadalajara de este año. ¿Guadalajara más democrática que Miami? Una pregunta que ahora mismo se me hace difícil responder.
Otro dato que debe parecer raro es que la Feria del libro de Frankfurt programó oficialmente este año sesiones sobre la autopublicación y los eBooks. A propósito, ¿se habrá enterado la Feria del Libro de Miami que existen los eBooks?
Me gustaría conocer públicamente las razones de quienes tomaron esta decisión, porque la Feria del Libro de Miami se nutre de fondos públicos. Como estoy dolido, dejo a otros el ejercicio legítimo de explorar las razones de estas acciones, que no me parecen razonables.
The New York Times Book Review y una idea pasada de moda
Pero la Feria del Libro de Miami no está sola. La prestigiosa revista The New York Times Book Review no acepta títulos de libros autopublicados. Lo justifica de este modo:
"Nuestra idea, que puede estar pasada de moda, es que con el gran volumen de libros que publican cada año las editoriales tradicionales, y que beneficia a tantos autores, es casi seguro que todos los libros de mérito encuentran lugar en alguna de esas prensas".
Pues sí, creo que esa "idea" está pasada de moda e implica dos cosas: a) si un libro tiene que autopublicarse para ver la luz es porque es inferior. b) si un libro encuentra un editor tradicional es porque es un libro de mérito.
Sobran los ejemplos de excelentes autores que han autopublicado alguna de sus obras: José Martí, Lezama Lima, Leví Marrero, Walt Whitman, Edgar Allan Poe, Alejandro Dumas, Ernest Hemingway, Stephen King, Thomas Paine, Upton Sinclair, Mark Twain... Por otra parte, muchas grandes editoriales publican chatarra bien escrita explotando la fama de un autor, o convirtiendo en autor a un famoso, sin atender la virtud del contenido.
Esa política de The New York Times Book Review puede deberse a una razón más profana: proteger la gran industria editorial de Nueva York. Es siempre un ejercicio legítimo explorar las probables razones ocultas de una acción irracional.
Los escritores quieren escribir libros, no fabricarlos ni venderlos. Pero si en estos momentos se sientan a las puertas de las grandes editoriales, el 99.9% de ellos esperará por las calendas griegas.
La crisis de lo tradicional
La industria editorial tradicional está en crisis por desdeñar el progreso tecnológico que las editoriales de autopublicación abrazaron. Veamos:
·        La distribución de libros a través de las librerías tradicionales, al menos en Estados Unidos, entró en picada. Amazon (y similares), más un eficaz servicio postal, están acabando con ella. Cualquier libro se puede encargar desde la casa a mucho mejor precio. Borders, la segunda cadena de librerías en Estados Unidos, quebró este año. Barnes & Noble, la primera, está en capilla. Si sobrevive es porque comenzó a vender otras cosas que libros.
·        El lector vuelve la vista de la tinta a los dots. Un eBook cuesta varias veces menos que el mismo libro en papel. Se comienza a leer al instante, no pesa y no utiliza espacio en el anaquel. En estos momentos más de la mitad de los títulos se leen –en Estados Unidos– en lectores electrónicos (eReaders, computadoras y teléfonos celulares inteligentes). El eBook no necesita muchos de los servicios que prestan las editoriales tradicionales: diseño tipográfico complejo, impresión en papel y distribución en librerías físicas.
·        Las grandes editoriales casi no hacen nada diferente de lo que puede hacer un autor por sí mismo para la promoción de su libro: reseñas, presentaciones y alguna bulla en la Web. Si un libro es realmente bueno basta con promoverlo un poco. Los lectores se encargan del efecto dominó.
·
  Se puede contratar servicios editoriales on-line de excelentes editores profesionales, algunos excretados por la industria editorial tradicional.
·        Muchos autores importantes ya no encuentran beneficios en un editor arrogante que ni siquiera les consulta acerca de la portada de su libro y que ofrecen royalties por debajo del 10% del precio de venta.

Modesto Arocha

*Presidente de Alexandria Library, editorial miamense desde 1995

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