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sábado, febrero 25, 2012

Acantilados de papel, 395: Este don a la muerte


FICHA:

ESTE DON A LA MUERTE.
de Ricardo Defarges
Edita: Renacimiento
Sevilla, 2011
Género: Poesía.
Encuadernación: Rústica
ISBN: 978-84-84726494
172 páginas.



COMENTARIO de Fulgencio Martínez.
E
sta antología de Ricardo Defarges, publicada en 2011 en Renacimiento, recupera una de las voces esenciales (y, hasta cierto punto, todavía marginal) de la Generación poética del 50. Ricardo Defarges, nacido en 1933, no ha tenido -como la tuvo Gamoneda en su momento- una recuperación programática. Gamoneda, desde la década de los 90 del pasado siglo, se alineó, contra la poesía de la experiencia, como el maestro de una alternativa poética surreal, y desde entonces ha padecido un esfuerzo de institucionalización que hoy desemboca en la sospecha de muchos lectores (como es mi caso) sobre la calidad sobrevalorada de sus versículos. (Leímos nosotros a Saint-John Perse antes que a Gamoneda; por lo que no sufrimos su impacto). En cambio, la voz de Defarges solo empezó a ser reinvidicada, por los lectores más jovenes, después de la antología de Vicente Gallego en Pre-textos, donde el gran poeta valenciano presenta su lectura de la otra Generación del 50, la de Fernando Quiñones, Padorno, Luis Feria... y Ricardo Defarges.

Ahora Renacimiento nos propone una antologia esencial -escogida por el propio autor- que recorre uno a uno los escalones de la poesía de Defarges. Incluye poemas de La cima vieja, uno de sus libros que marca el giro hacia la etapa final de su poética - interesantísima, iluminada de reflexión y en diálogo con la poesía simbolista, el cine y la mística castellana, en la mejor continuación -no mera repetición- del Cernuda moral de La desolación de la quimera y Con las horas contadas. Un contenido poema de Defarges dedicado a Cernuda nos devuelve ese estilo severo que tanto nos gusta: “El destino sus últimas palabras/ me las hizo llegar tras de su muerte (…) / aquella vida y obra,/ para el fin de mis días lamento y esperanza.” (“Luis Cernuda” p. 128).

La Antología recoge también versos del último libro de Defarges, Muere al nacer el Día (editado asimismo por Renacimiento en 2010) y unos pocos poemas posteriores a esa publicación.

El lector gozoso puede recorrer, gracias a esta Antología, la trayectora poética de Ricardo Defarges desde 1961 a 2011 (el último poema -”Ciudades perdidas”- está fechado el 17 de Enero de 2011). Un enjundioso recorrido, pues, que arranca con poemas de El arbusto, su primer libro -que fue accesit del Premio Adonis en 1963- hasta Muere al nacer el día, más los poemas últimos que testimonian la “ruta” del poeta que se nos aleja (y se queda) con su canción....

Merece la pena leer atentamente la introducción que el autor hace de su Antología. Desde la altura de los años, subraya Defarges en su obra el tema de la soledad, sobre todo, en los libros de su primera época; nos dice que la comunicación poética interpersonal ha sido y es su impulso; reinvidica la soledad como vivencia de los poetas, si bien matiza que ese “predominio solitario” se le fue atenuado con el tiempo, para dar paso al impulso amoroso, y, en la etapa final de su poesía, a la inquietud por la inminencia de la muerte y a la reflexión sobre la decrepitud. Como en los poemas del último Aleixandre, la poesía dice desde lo humano esencial. Defarges vive enfermo en Madrid. “Acepto mi actual soledad. No temo a la muerte (¿cómo se puede temer a lo inevitable?). Y, mejor o peor, habré vivido”.

Muy pocos libros como éste profundizan en el tema del ars moriendi, en la Sabiduría del límite. La poesía de Defarges no es apta para paladares anecdóticos, para gustos retroposmodernos. Reproducimos -por último- la primera parte del poema que da título al libro, unos versos de la etapa final.

Cuando llame la muerte a tu puerta, no debes permitir que se aleje con las manos vacías.

Tu regalo debe ser, rebosante, la copa de tu vida.

Y los frutos y mieses que nos dejan los días del otoño, las noches del estío.

Prepáralo todo para ella, cuando llame a tu puerta.”

(“Tres poemas”, p. 157).

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