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domingo, octubre 07, 2012

Acantilados de papel, 441: Calamidad y desperfectos

Noelia Illán Conesa
Calamidad y Desperfectos
Murcia, 2012


No sé, o no recuerdo, cuantas veces me he enfrentado a un libro que, terminado de leer, no sé cómo calificarlo. No por el hecho en sí de clasificarlo, sino por que me deje más o menos perplejo, indeciso, y que cuando quiero escribir sobre él la pluma- que me regaló una buena amiga, Inma Pina-, queda también confusa ante el blanco papel, como si temiese mancharlo sin un objetivo claro.


Eso es lo que me ocurrió cuando cerré "Calamidad y Desperfectos", de Noelia Illán Conesa, con quien, por cierto, no me une ningún lazo familiar que conozca. Y eso ha estado sucediéndole a mi pluma y a mí cada vez que hemos querido escribir sobre él.


El prólogo, ¿se llamará así a algo que escriben tres personas?, a saber, Antonio García, Elisabeth Illán y José Alfonso Pérez, nos habla de que estamos ante un libro de sentimientos, y añaden más indecisión a mi escritura: ¿emoción, ternura, sexo y tristeza? ¿un paseo por los años, autores, filmes, pinturas, amigos (y enemigos), compositores, escultores...? Ya no sé qué pensar, aunque tal vez la autora ha pretendido eso, que el lector o lectora se confundan en un mundo sorprendente a cada página.

Decía Voltaire que la poesía no se puede traducir, como tampoco se traduce la música. ¿Tomará Noelia una máscara faustiana para ir más lejos, más allá en la confusión? Sí, antes de pasar esta crónica a la pantalla del ordenador, la escribo a mano, y ella nos escribe cada uno de los setenta y siete poemas de su puño y letra, o ese pretende el trampantojo, acompañados de los precisos dibujos de su hermana Carolina.

A estas alturas ¿os acordáis de aquella pregunta en el segundo párrafo de esta extraña crítica? Sí, la que se interroga sobre el paso de los años... ¿qué años? ¿los de una joven autora nacida en 1983? Y, de repente lo veo, si queréis, en lo más insignificante, en algo que comparto, y seguro que muchos lectores y lectoras:

Pasan los días
y no me atrevo
a marcar tu número.
Te mando un email.

¡Este es un libro-escudo! Creo haberte comprendido, y ojala no haya desvelado el gran secreto. En 1890 un autor irlandes sorprendió al mundo con otro escudo, al que tituló "The picture of Dorian Gray", que me ha estado acompañando en el subconsciente mientras te leía. Y eso que pronto me avisaste:

Muchas mañanas me levanto
y, mirándome desde arriba
dudo de si vestirme o rendirme.

No, no te rendirás, porque

Soportaste la basura contenida
que a veces salió
y te golpeó la cara.

Un escudo que no sé cuanto podrá protegerte, por mucho que las cosas más triviales se vuelvan fundamentales.

Eso corresponde descubrirlo al lector.



Francisco Javier Illán Vivas

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