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domingo, noviembre 18, 2012

Acantilados de papel, 450: Áspero mundo

Ángel González
Áspero mundo
Ediciones Vitruvio, 2012


Estamos ante un poemario que NO debe faltar en ninguna biblioteca particular, ¡cuánto menos en una pública, condenada ésta, y todas las que existen en este estafado país, a una agonía privatizadora de gobiernos que legislan contra el pueblo, contra su cultura!

Seguro que Ángel González lo hubiese expresado con mucha más lucidez que yo, él, integrante de la generación del 50, grupo de poetas, como escribe el autor del prólogo, "que hicieron a menudo poesía social, nunca panfletaria, defendiendo el pensamiento libre en el opresivo marco de la dictadura franquista".

Por cierto, Raúl Nieto de Torre escribe un prólogo preciso a un libro bello, lúcido y que representó una renovación en la poesía de 1956.

Un libro que fue accesit del premio Adonais, y que Ediciones Vitruvio ha tenido el acierto de traerlo al presente, con toda la fuerza de unos poemas magníficos.

Antes de comenzar a leerlo, me prometí no señalar ni uno de ellos durante mi lectura, temeroso de subrayar con tinta fluorescente TODO el libro, pero cuando he vuelto a leerlo, antes de escribir estas admiradas líneas, he comprobado que no pude resistirme a ello, al menos en parte, porque versos como los que contiene merecen releer periódicamente Áspero mundo.  

Permitidme destacar una breve muestra:
Ya desde el primer poema el autor nos regala una obra de arte:
Para que yo me llame Ángel González
para que mi ser pese sobre el suelo
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo... (Pág 23 y siguiente)

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- ¿Qué es eso que va volando?
- Solo soledad sonando. (Pág. 39)

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La begonia sin olor
sus verdes hojas estira
para mirar lo que mira
tras la ventana, el amor:
la primavera, surgida
del pico de un ruiseñor. (Página 40)

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Alga quisiera ser, alga enredada,
en lo más suave de tu pantorrilla.
Soplo de brisa contra tu mejilla.
Arena leve bajo tu pisada. (Pág 52)

Hay mucha belleza en este libro. No te lo pierdas. Si el autor del prólogo agradece a su profesor de literatura, Ramón Álvarez, que le descubriese a Ángel González, yo no he dejado ni un día de agradecer a Eduardo García que me presentara al poeta asturiano nacido en 1925.

Francisco Javier Illán Vivas