Si algún artículo te gusta, no dudes en pinchar sobre +1

sábado, noviembre 24, 2012

Acantilados de papel, 452: La letra perdida

Fernando López Guisado
La letra perdida
Ediciones Vitruvio, 2012


La letra perdida es un viaje, desde la lejanía, desde los desiertos habitables del silencio a las orillas de mares, ahora tranquilos, ahora tempestuosos, ahora acogedores, ahora rechazando lo que no es vida, pero siempre, siempre, traicioneros.

El poeta no tiene tiempo para hacerlo en el libro, pero en su voz, en su letra, en sus incursiones en redes sociales o bitácoras, nos habla pausado de esta experiencia, y reclama su papel en un mundo inhóspito, pero donde también reconoce islas, posiblemente pequeñas aún, pero confía que, con el paso del tiempo, las propias mareas de la falsedad que tiñe el mundo literario en general, vayan dejando posos en sus orillas y, de ellas, florezca una tierra acogedora.

Fernando López Guisado es un hombre grande, tal vez lo haya sido incluso para la barca que le llevó en una travesía personal a donde hoy se encuentra y el lugar donde sus poemas nos lo muestran, aunque no se siente seguro del todo a donde ha llegado, sí observa que, a pesar de la - aún- poca solidez del suelo que pisa, éste es cada vez más firme, por eso el poemario La letra perdida va ganando consistencia al tiempo que el lector avanza por sus versos.

La Verdad, ¿por qué busca el poeta algo que no existe? Porque forma parte de una generación que ha visto como todo se tambalea, como la mentira, la corrupción, el despotismo político dejan sin futuro a quienes no encuentran un camino bajo sus pies. ¿La Verdad? Él mismo nos lo recordará al final del texto: cuidado, siempre hay algo bueno y algo malo en La Verdad, ya que todo el mundo tiene una.

Sí, pero él, a través de estos cuarenta y cuatro poemas, como escalones de una pirámide azteca, nos lleva a mirar cuanto nos rodea con esperanza, tímida ella, recién nacida si quieres, pero esperanza, bajo los tilos, por que allí lo supo en el primer poema, aquí lo confirma, cogido de la mano, en el último.


Francisco Javier Illán Vivas