Australia inscribirá esta semana al diablo de Tasmania, el pequeño marsupial carnívoro emblemático de la isla del sureste de Australia que le da su nombre, en la lista de animales en peligro de extinción, informó este lunes una fuente gubernamental.
El responsable de Industria del Gobierno regional de Tasmania, David Llewellyn, señaló que se desplegarán "todos los medios y esfuerzos adecuados" para proteger a este animal, amenazado por una rara y mal identificada forma de cáncer que ya ha diezmado el 60% de su población.
El Gobierno del Estado de Tasmania también aprobó la puesta en marcha de un programa para crear una reserva para especímenes sanos del diablo, o demonio, de Tasmania. "En caso de necesidad, se podría recurrir a los animales de esa reserva para introducir nuevos diablos de Tasmania en la naturaleza", explicó el ministro al grupo audiovisual australiano ABC.
Según las organizaciones ecologistas, el cáncer que afecta a los diablos de Tasmania podría deberse a un envenenamiento por pesticidas u otras sustancias contaminantes. Los científicos juzgan esta hipótesis plausible pero piensan más bien que se trata de una forma de cáncer contagioso que los animales se transmiten peleando entre sí.
La ciencia resufica un gen del tigre de Tasmania. En efecto, un grupo de científicos ha anunciado un hito sin precedentes, al haber "devuelto a la vida" un gen de este marsupial, extinguido desde 1936. Los investigadores de universidades australianas y estadounidenses aislaron al gen perteneciente a un ejemplar conservado desde hace un siglo y lo introdujeron en el embrión de un ratón.
El tigre de Tasmania o tilacino es un marsupial australiano que se parece a un perro. "Es la primera vez que el ADN de una especie extinguida es utilizado para provocar una reacción funcional en otro organismo viviente", declaró el jefe del equipo científico, Andrew Pask, de la universidad de Melbourne. El último tigre de Tasmania murió en cautiverio en 1936 en un zoológico de Hobart, capital de la isla australiana.
La cacería a ultranza de esta especie precipitó su desaparición a principios del siglo XX. "Tras haber constatado que se trataba del ADN de un tilacino, lo hemos implantado en embriones de ratones", señaló Pask. "El ADN resucitó, entrando en función en el desarrollo del cartílago del ratón, que formará más tarde los huesos", explicó. "El potencial de esta investigación es enorme, sobre todo para el desarrollo de nuevas biomedicinas y de una mejor comprensión de la biología de los animales que han desaparecido del planeta", declaró por su parte Richard Behringer, de la universidad de Texas.


