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viernes, enero 22, 2010

Acantilados de papel 275: Hegel en el tranvía


FICHA:
HEGEL EN EL TRANVÍA

de Rubén Castillo
Edita: Ediciones Tres Fronteras Ediciones
Murcia, junio de 2008
Género: cuento
Encuadernación: Rústica
ISBN: 978-84-7564-403-5
76 páginas. 3 euros
Página del autor.
Página del libro.


COMENTARIO de Francisco Javier Illán Vivas.
Este es uno de los primeros libros que leí de la colección La biblioteca del tranvía, de la editorial Tres Fronteras, y, aunque ha pasado mucho tiempo desde su publicación, justo es traerlo a estos acantilados que, ya sabéis, desconocidos lectores, no son tan abruptos como los pintan.

Porque Hegel en el tranvía contiene uno de los relatos que más satisfecho me han dejado tras su lectura. Suelo tomar notas, subrayar el texto, o escribir anotaciones al margen de los textos que leo, pero en este relato, en la página 32, sólo escribí Bravo, con rotulador amarillo refulgente, para que no se me olvidase- si eso fuese posible- y en un rápido vistazo por las páginas pudiese encontrarlo nuevamente, pues se, que volveré a disfrutar con las descripciones de aquella chica de “cintura más estrecha que el sueldo de un funcionario”, de los consejos para utilizar a Neruda en la sección de Metáforas, o mirando el vitíligo que puebla el dorso de las manos de aquel hombre, hasta llegar a ver, “justo al lado de la cama, la figura inconfundible de un chupete”.

Rubén Castillo nos descubre en este librito la tesis, la antítesis y la síntesis para escribir un relato, avisándonos de que “sólo los idiotas se degradan queriendo subir el Everest sin bombonas de oxígeno” como advertencia a quienes se enfrentan a tal tarea y lo que hacen es garrapatear, al tiempo que nos anima a intentarlo con dos cuentos, el primero de ellos, es ése del que os he hablado.

Podría narrar muchas más cosas, pero hoy, jueves, 21 de enero, a las 22,21 horas, mientras escribo esto, siento unas enormes ganas de volver a leer ese Cuento 1, y el Cuento 2, y las Alucinaciones, e incluso recordar La Sorpresa, con una pícara sonrisa en los labios, sabiendo, como ya se, el final, esa sorpresa que Antonio se va a llevar cuando vuelva del bufete.

Leí este librito en un viaje en tren a Madrid, ahora no recuerdo si en la ida o en la vuelta, da lo mismo, el 27 de noviembre pasado, y voy a volverlo a leer ahora mismo.

Te recomiendo, lector o lectora, que dejes lo que estas haciendo, agénciate un ejemplar de Hegel en el tranvía y disfruta.

De nada.

EL AUTOR.
Rubén Castillo, Murcia, 1966. Profesor de literatura y crítico literario. Los ocho que ha publicado hasta la fecha cubren géneros tan diversos como el cuento, la novela, el artículo periodístico o el ensayo.

Ha obtenido media docena de premios por sus relatos, así como dos galardones por sus novelas cortas: el premio Gabriel Sijé (Reina María) o el Ateneo de Valladolid (La mujer de la mecedora).

Vive en Molina de Segura y tiene dos hijos.

2 comentarios:

Rubén dijo...

Qué maravilla, tus palabras, Paco. Si después de escribir unos cuentos como éstos he logrado que alguien como tú los califique con tal generosidad, el esfuerzo ha merecido la pena. Un abrazo

Antonio Parra Sanz dijo...

Es lo que tienen los grandes libros, o los grandes escritores, Paco, que se dejan releer porque antes te han dejado una huella indeleble, y eso Rubén lo hace estupendamente. Un abrazo.