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sábado, julio 16, 2011

Acantilados de papel, 365: Los patos de Central Park


FICHA:
LOS PATOS DE CENTRAL PARK
de Marina Fernández Bielsa
Edita: Alfaqueque Ediciones
Cieza, marzo de 2011
Género: novela
Encuadernación: rústica
ISBN: 978-84-937420-96
94 páginas.
Página de la autora.
Página del libro.

Ilustración de la cubierta: Manuel O. Leyva


COMENTARIO de Francisco Javier Illán Vivas.
Diana es una joven que cuando conecta con alguien con el que comparte inquietudes, gustos y obsesiones literarias fuera de lo común, su emoción inicial se ve frenada por una desconfianza que se vuelve desasosiego si esa persona se interesa por ella en aspectos extraliterarios (Pág. 26), ya que inmediatamente piensa en Mark David Chapman, el asesino de John Lennon, quien, como ella, veneraba la novela de J.D. Salinger “El guardián entre el centeno” y adoraba a su antihéroe, Holden Caulfield, ese mismo que descubre que no hay ningún guardián que nos salve del abismo que se extiende tras el campo de centeno. Y que es necesario atravesarlo para crecer, aunque crecer signifique vagar (Pág. 24-25).

Pues yo he sentido esa especie de desconfianza al conectar, desde la segunda página, con la novela de Marina Fernández Bielsa, no por que, como su personaje, creciese en los 70 del pasado siglo, que me tocó hacerlo un poco antes, pero sí por que leí esa novela, me pregunté dónde iban los patos de Central Park en invierno y no tuve más remedio que ver las series Marco, Vikie el Vikingo, Mazinger Zeta, Orzowei, La casa de la pradera y otras que nos marcaron.

Nuestros caminos, afortunadamente, se separaron cuando ella reconoce que nació en Madrid y no en el Mediterráneo. Por eso ella sabe que en la ciudad con playa, donde ha encontrado trabajo como periodista, no encontrará lo que está buscando (Pág. 16).

Marina Fernández Bielsa ha escrito, en efecto, un libro intimista y reflexivo, en primera persona, muchas veces casi un monólogo, compartido otras con la lectura de sus propios diarios, de las cartas que escribió o que recibió, de los correos electrónicos, o de los SMS; un libro, que conectará con el lector o lectora que haya crecido con aquellas series, o con Barrio Sésamo, o con la primera emisión de Verano Azul; con las viejas canciones- ya amarillentas- de Ismael Serrano, de Radio Futura, o de Joaquín Sabina y Juan Manuel Serrat.

Un libro de esa generación mileurista y engañada acerca de sus posibilidades. Que se iban a comer el mundo y el mundo acabó por devorarlos (Pág. 8), no se trata de esta generación perdida que ahora lucha por encontrar su lugar alrededor del movimiento 15M, no. Más bien esa a quienes “creo”, “quizá” y “tal vez” son las expresiones que mejor les definen (Pág. 9).

La protagonista siente que toda esa vida de la que tanto espera en la ciudad con playa se le desmorona cuando Rebeca, tras ocho años de silencio, le habla de un accidente del que no habría querido enterarse nunca (Pág. 32). Entonces los recuerdos regresan como lápidas al presente, y se ve obligada a crecer, como Holden Caulfield, con diez años de retraso.

Óscar y Rebeca, su inquebrantable primera amistad, que no soportó los golpes de la vida; la relación casi destructiva que mantiene con Miguel, o con Víctor, todo viene al momento presente, cuando, ahora sí empieza a saberlo, desde el futuro las cosas se ven más claras (Pág. 24).

La novela de Fernández Bielsa es también un libro de esa soledad de los adioses inevitables, adioses a las ilusiones, a las esperanzas. Por que, cuando ya te sabes las respuestas de la vida, te cambian las preguntas (Pág. 88). De asumir el fin de los sueños adolescentes, como comentaba antes, aunque sea con diez años de retraso (Pág. 94).

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