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sábado, septiembre 22, 2012

Acantilados de papel, 435: Narciso despeinado

Alberto Caride Brocal
Narciso despeinado
Azarbe, 2012

No me imagino a Narciso (ασφόδελος ) despeinado, en ninguna de sus variantes, que seguro Robert Graves tan presto estaría a explicarnos; ni la beocia que nos presenta al joven viviendo cerca del monte Helicón, del cual se enamoró otro muchacho, Aminias; ni en la versión de Pausanias, enamorado él de su hermana gemela; ni en la de Ovidio, objeto del amor de la ninfa Eco.

Cristina Franco Rodas, autora de la ilustración de la portada de este libro, tampoco nos lo presenta muy despeinado, si en cuenta tenemos que estamos en el siglo 2012 y que los mitos, las leyendas, las historias de siempre jamás mueren, por mucho que los gobiernos de turno se empeñen en dinamitar nuestros cimientos culturales (y de esto mi amiga Noelia Illán tendría mucho que decir).

Sea como sea, Alberto Caride Brocal se nos presenta como un Narciso despeinado en estos 27 poemas que forman parte de su primer poemario, su opus primum, que nos recordaría Luis Alberto de Cuenca, para desviarnos del común error de la ópera prima.

José Daniel Espejo, otro seguro narciso despeinadísimo, nos ilustra en el prólogo sobre la poesía de Caride Brocal, que se "baña en una instancia profundamente telúrica, sicalíptica, alérgica a dicotomías, incapaz en su voracidad de hilar las casi infinitas elecciones correctas que definen a un poeta postmoderno de suplemento". Ahí queda eso.

Personalmente, yo, que veo más corto, posiblemente de tanto leer sin gafas, y que ahora es lo primero que se ve en mi cara, creo que Alberto Caride, nacido en Alcantarilla en 1982; es decir, hace casi nada, reclama su derecho a despeinarse, se mire o no en el espejo o en las agujas del arroyo que lleva el nombre del mito.

Sentado en medio de esta locura
(enfermo estoy de tanto ruido),
procuro mantener húmeda mi boca
para el silencio,
lanzando elipsis como protesta
en mitad de esta noche
de lenguaje incomprendido.

Creo que no, que no perderá el tiempo mirándose en las aguas, por muy cristalinas que esta sean. Al menos ahora no, pues seguro que unos bellos ojos femeninos, de nombre varias veces repetido (aunque en la dedicatoria parezca una trinidad: "a mi abuela, a mi madre y a Inma, porque se puede amar a tres mujeres a la vez y no estar loco") le sirven de espejo a sus sueños.

Pero es inútil poner farolas a mi poesía
cuando todas la noches ahora son fiesta...

Noches interminables que no tienen que ser lunes (me he prometido, Alberto Caride, no hablar de "esos lunes"), y en los cuales tampoco debemos mantenernos siempre despiertos, pues "uno se cansa de ser voyeur".

Un poemario en el que he descubierto una nueva voz poética regional, que seguro nos sorprenderá en los próximos años.

PD: Y también que Comala no es únicamente una pedanía de Molina de Segura.


Francisco Javier Illán Vivas

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