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jueves, diciembre 06, 2018

Escena de versos envenenados, 20

 
  ¡Lo sabía! ¡Lo sabía!repitió más de diez veces. ¡La Virgen ha estado muchos años dándonos la espalda, pero ya me había avisado de que ésta cambiaría! ¡Y el Jesús del Rescate no podía sino influir para que te diesen el trabajo!

            Carlos miró a su madre. Siempre había sido así. Sus pocos logros eran gracias a la Virgen y a Nuestro Padre Jesús de Rescate, y a otros tantos santos y Ánimas Benditas, pero sin ninguna aportación personal suya. Conforme la familia había ido perdiendo sus privilegios del pasado, ella se había encerrado más en la religión, abrazando la esperanza y la fe como único motivo de su vida, viviendo en esa nirvana que ella se había creado a su alrededor, como una línea recta entre dos únicos puntos, su casa y la Iglesia Catedral.

            Las pocas desviaciones eran para visitar al Jesús del Rescate.
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